3.7.05

LA TIERRA DE CUCAÑA

¿Recuerdan el juego de la cucaña?. Yo sí; lo he visto muchas veces en las fiestas populares en mis años de juventud: gana el premio quien consigue encararmarse a la punta de un poste de tres o cuatro metros de altura,bien impregnado de sebo, sin ninguna protuberancia o adminículo al que poder asirse, de forma que la mayoría de los concursantes resbalan,caen, a tierra cuando parece que el trofeo, bien atado a la cumbre, está al alcance de la mano. El premio era un buen pollo o un gallo( imagino que hoy la recompensa será otra, una playstation por ejemplo, ya que no creo que nadie se arriesgue a embadurnarse, y a la mofa de la parroquia, por un ave producida en factorias masivas).

Parece que el nombre proviene del italiano cocagna, un lugar utópico en el que la comida era abundante, gratis y no era necesario trabajar; es más, estaba prohibido. Formas de sublimar las hambrunas que eran moneda corriente en la Edad Media europea. Dicen que Colón cuando llegó a América exclamó que había llegado a una tierra como Cocagna. El pintor Brueghel, la inmortalizó en el siglo XVI en uno de sus cuadros: La tierra de Cockaigne.

Si los trabajos actuales, las empresas en las que vivimos gran parte de nuestra vida, fueran tan detestables,aunque no llegaran a la hambruna que generó la utopia de la cucaña, con toda seguridad estaríamos fabricando un número de fantasias sin fin. Miguel Pina e Cuhna, profesor de la Universidad de Lisboa ha escrito un ensayo titulado “Soñar con Cockaigne, fantasias individuales del trabajo perfecto” en el que relata el resultado de sus investigaciones acerca del perfecto lugar de trabajo, o la empresa más admirada, que así se llama una clasificación que se publica todos los años en la prensa económica española.El profesor Pina interpreta en clave empresarial y de trabajo los dos principios que, según Freud, orientan gran parte de nuestro comportamiento. Si prevaleciera el supuesto del principio de placer, la gente imaginaría empresas en las que el trabajo difiriera significativamente respecto de la situación actual a poco que tuviera la oportunidad de expresarse.En otras palabras, inventaría su propia Cockaigne organizativa. Bajo el supuesto del principio de realidad, incluso cuando tiene la oportunidad de idealizar la organización perfecta, la gente vuelve a la realidad. Habrá personas que opten por uno u otro principio, según que sus vidas estén dominadas por el principio del placer o por el de realidad.
Con estas premisas, el profesor Pina realizó una investigación en la que no creó categorías de respuestas previas sino que surgieron como consecuencia de los datos aportados por el estudio.La clasificación así obtenida se etiquetó con cuatro nombres: realismo explícito, realismo implícito, negación e idealismo. El ambiente de trabajo idealista, el de la cucaña, fue planteado por una minoría de los encuestados, y aún así con ciertas cautelas. La mayoría se inclinó por el ambiente de trabajo que conocía aunque mejorando algunos aspectos, es decir, se encuadraba en el realismo explícito. Muchas respuestas incluían declaraciones como “esta empresa no está entre las peores”; o “ me gusta mi trabajo, estamos en el sector de la distribución y disfruto el contacto con los clientes”.Quienes relataron experiencias negativas dijeron cosas como “esta empresa era la organización ideal cuando me incorporé a ella, hace 13 años”; o “nuestra organización dista de la perfección; en realidad tiene muchas imperfecciones”. Muchos participantes en la investigación declaran “si queremos comparar necesitamos tener en cuenta la realidad que nos rodea”. Los que adoptaron la posición negativa afirmaron:”no existe el trabajo perfecto; es la utopía.Un trabajo sin problemas sería muy aburrido”.Los idealistas confesaron que lo más parecido a lo que deseaban era trabajar en el sector público.
En resumen, cuando se pide a unos encuestados que imaginen el ambiente de trabajo ideal tienden a describir algo que se parece a su experiencia real. Algunos psicólogos personalistas afirman que las personas evitan ideales distantes de sus posibilidades reales; en otras palabras, el juego entre lo ideal y lo real, tan usado en la psicología psicoanalítica, también puede ser relevante para explicar el comportamiento de las organizaciones.En lugar de construir organizaciones fantaseadas, la mayoría de los encuestados se refería a variaciones de sus empresas reales. Es decir, en palabras de Freud, recurrieron al principio de realidad y evitaron el del placer, que es una de las cuestiones sobre las que trata el psicoanálisis. La realidad no concede mucho espacio a lo que propugna buena parte de la literatura del management , sus modas pasajeras acerca de lo que son las cucañas organizativas porque, en contra de la sabiduría convencional y la que quieren vendernos los “gurus”, es probable que lo ideal no diste mucho de lo existente. Francamente, no creo que Emilio Botín, Isidoro Álvarez y Amancio Ortega, los tres líderes españoles más respetados, estén ofreciendo a sus empleados cucañas inalcanzables o sean los más empáticos de todos los empresarios de nuestro pais.


Carlos Herreros de las Cuevas.
MSc. In Management. London Business School
Presidente de la Asociación Española de Coaching y de Consultoría de Procesos.