6.12.07

UNA LECCIÓN DE MANAGEMENT SEGUN "EL REY LEAR"

MAGNICIDIO


Estos dias se representa en Londres una gran versión del “Rey Lear” de Shakespeare. El montaje presenta a los personajes , todos revestidos de oro cuando entra en escena el Rey ante quienes se arrodillan. Habla el Rey:
“Decidme, hijas mias, puesto que renuncio a poder, posesión de territorios y cuidados de gobierno, cuál de vosotras dirá que me ama más para que mi largueza se prodigue con aquélla cuyo afecto rivalice con sus méritos”.

De las tres hijas, la mayor, Goneril dice:
“Señor , os amos más de lo que expresan las palabras, más que a vista, espacio y libertad, mucho más de lo que estimen único o valioso…tanto como nunca amara hijo o fuese amado padre, con un amor que apaga la voz y ahoga el habla.Mucho más que todo esto os amo yo”.

La segunda, Regan, no es menos expresiva: en el fondo de mi alma

“Yo soy del mismo metal que mi hermana y no me tengo en menos; en el fondo de mi alma veo que ha expresado la medida de mi amor. Pero se ha quedado corta, pues yo me declaro enemiga de cualquier otro deleite que alcancen los sentidos en su extrema perfección y tan sólo me siento venturosa en el amor de vuestra amada majestad”

La más joven, Cordelia le dice a su padre algo muy diferente y precisamente por ello es desheredada:

“Mi buen señor, me habéis dado vida, crianza y cariño. Yo os correspondo como debo: obedezco, os quiero y os honro de verdad.¿Por qué tienen marido mis hermanas, si os aman sólo a vos? Cuando me case, el hombre que reciba mi promesa tendrá la mitad de mi cariño, la mitad de mi obediencia y mis desvelos. Seguro que no me casaré como mis hermanas”

La única que habla con el corazón es Cordelia; las otras dos lo hacen con ambición.

Muchas veces me he preguntado cuál es el mecanismo por el que – incluso a aquéllos que no se habían cansado de asegurar que el poder no les cambiaría- los altos directivos ,al final, se rodean de personas que sólo les halagan, que no encuentran el momento , ni la voluntad, para decir al jefe lo que realmente piensan creyendo que así le hacen un favor.

En “The Financial Times “ del 4 de diciembre de 2007, Stefan Stern dice que seguramente así empezaban los consejos de administración de Merril Lynch y de Citigroup, bancos que acaban de cometer sendos magnicidios despidiendo al líder imperial que dominaba la escena hasta hace pocas semanas.

Sólo un noble y leal, Kent, se atreve a decirle al Rey

“Pues que se dispare, aunque la punta me traspase el corazón. Kent será irreverente si Lear está loco. ¿Qué pretendes, anciano?¿Tú crees que el respeto teme hablar cuando el poder se pliega a la lisonja? Si la realeza cae en la locura, el honor ha de ser franco. Conserva tu poder y, con mejor acuerdo, frena tu odioso arrebato. Respondo con mi vida de que tu hija menor no te ama menos y de que no están vacíos aquéllos cuya voz apagada no resuena en el vacío”

La tragedia acaba mal, como muchas veces en el mundo empresarial cuando la sucesión, o la continuación en el poder de quienes han perdido la visión estratégica es fruto de lisonjas y halagos más que de realidad

Más adelante, el bufón- la voz del sentido común, le dice a Kent delante del Rey: “Más te vale llevar mi gorro” ; cambiar el lenguaje, hablar desde otra perspectiva. Cuando Kent le pregunta por qué, he aquí la respuesta del bufón:

“Pues por estar de la parte del que pierde. –– No, como no te pongas por donde sopla el viento, pronto la sentirás. Vamos, toma mi gorro. Mira, este hombre ha desterrado a dos de sus hijas, y a la tercera le ha hecho un gran bien sin querer. Si le sirves, tendrás que llevar mi gorro”. –– ¿Qué hay, abuelo? ¡Ojalá tuviera yo dos gorros y dos hijas!”

Dirigiéndose al Rey, sigue el bufón:

“Guarda más de lo que enseñas, di menos de lo que sepas, presta menos lo que tengas, más caballo y menos piernas, si más dicen, menos creas, sé más cauto en tus apuestas; vino y putas deja ya y no pases de tu puerta, y verás que tienes más de veinte en cada veintena”

El Rey se da cuenta de los errores cometidos pero ya es tarde para él . Sus dos hijas mayores le han traicionado, una envenena a la otra y ésta es asesinada; sólo Cordelia le ha sido fiel. Padre e hija son hechos prisioneros y ella pregunta a su padre:

“No somos los primeros que, procurando lo bueno, sufrimos lo peor. Por vos, rey humillado, me veo desconsolada, pues yo rendiría el ceño de la falsa Fortuna. ¿No vamos a ver a estas hijas y hermanas?”

Le contesta Lear:

“No, no, no, no. Ven, vamos a la cárcel. Cantaremos como pájaros en jaula. Si me pides la bendición, me pondré de rodillas pidiéndote perdón. Viviremos así, y rezando, cantando, contando leyendas, riéndonos de los lindos palaciegos, oyendo a pobrecillos hablar de la corte; y hablando con ellos de quién pierde
y quién gana, quién medra y quién cae; fingiendo entender los misterios de las cosas, cual si fuésemos espías de los dioses; y, encerrados en la cárcel, veremos pasar bandos y partidos de los poderosos que suben y bajan con la luna.”

Se debería estudiar esta obra en todas las Escuelas de Negocios.